Meditación de la flor
Al ver una flor que se abre, su belleza y fragancia natural siempre reconfortan nuestro espíritu, independientemente del lugar del mundo en que nos encontremos. Las flores nos aportan una gran alegría y son una expresión universal del amor y el afecto hacia los demás, tanto en celebraciones como en conmemoraciones. Sin embargo, una flor se marchita poco después de haber florecido: un profundo recordatorio de la impermanencia de la vida. Acompañar conscientemente a una flor constituye una meditación profunda.
Al inspirar, agradezco la belleza y fragancia de esta flor.
Al espirar, atesoro la flor en el aquí y el ahora.
Thich Nhat Hanh
Foto de Plum Village.
