Ir al contenido principal

"No siempre es tan fácil practicar yoga".


"No siempre es tan fácil practicar yoga".

A veces la dificultad más importante es encontrar el momento para empezar la sesión de tu práctica.
Pero te puedes engañar para sobrepasar este obstáculo con un truco sencillo. Si has delimitado un tiempo para practicar (pero en realidad no tienes ganas), el truco es de convencerte simplemente de pararte en samasthitḥ y hacer tres vueltas de respiración consciente; después de eso, te darás permiso para ir a hacer otra cosa, ya que cumpliste con este ritual sencillo. Después de quedarte en samasthitiḥ, muchas veces te surgen las ganas de inhalar profundamente para llevar tus brazos arriba de la cabeza y hacer medio saludo al sol. A esa altura, parece bastante razonable hacer un saludo al sol completo. Y de repente, te encuentras haciendo uno y luego dos saludos al sol. Sin proponértelo, te has enganchado y la práctica continúa.

A veces la práctica puede parecer muy difícil porque la mente es un jefe muy exigente, y muchas veces crea imágenes acerca de cómo debe ser la práctica. Los parámetros que tu mente establece para la práctica pueden degradar la base de la práctica en sí. ¿Si no puedes hacer una «buena práctica, porqué practicar? Puedes pensar que si vas a sentarte para meditar, debes quedarte quieto durante cuarenta y cinco minutos. Si vas a practicar prāṇāyāma, debes hacerlo durante una hora, o si vas a realizar āsanas, debes dedicarles un mínimo de dos horas. Pero, en realidad, si hicieras cualquiera de estas prácticas con una concentración verdadera—hasta por dos segundos descubrirías el centro profundo del cuerpo, un gran discernimiento y una sensación de libertad. Esta liberación te suelta de la jaula que has construido en tu mente para definir la esencia de la práctica". - Richard Freeman

Entradas populares de este blog

Ahora hablaré sobre mí

Mi primer contacto con el mundo del yoga tuvo lugar a través de mi madre,  a mediados de los años ochenta, cuando para muchos era una práctica que casi asemejaban a la pertenencia a una secta. Recuerdo verla vestida de blanco, practicando posturas en el salón de casa, y a veces, incluso me llevaba con ella al lugar donde recibía las clases. Puede que en aquel momento no fuera consciente de ello, pero ahora tengo la certeza de que aquellos primeros contactos sembraron en mí una semilla que, con el tiempo, ha brotado de una forma maravillosa. Pasaron los años (más de los que me atrevo a confesar), y heme aquí que me aventuré a acercarme a una escuela de yoga ubicada cerca de casa. Siempre había sentido atracción hacia ese mundo, y todo lo que representaba. Me considero una persona espiritual, sensible a cuanto me rodea, y lo uno llevó a lo otro. Me apunté a las clases, y solo hizo falta una para darme cuenta de que había encontrado mi camino. Pienso que todo en mi vida me ha...