"...Sobrecogido
hasta el fondo de mi corazón por el sentimiento de impermanencia de
todas las cosas que me fue inculcado por mi madre, la vida humana me
parecía efímera como los pétalos marchitos de las flores barridas por el
viento. Esta noción budista de impermanencia (Mujo) formaba parte de lo
más íntimo de mi ser. Nada podía resistir en el universo entero el paso
del tiempo. Todo era arrastrado por él,
todo estaba condenado a desaparecer o a transformarse. El espíritu, así
como la materia se transforman sin cesar sin poder alcanzar nunca la
permanencia. El hombre se ve forzado así a caminar en soledad, sin tener
ningún apoyo estable a su disposición. Como se dice en el Shodoka: "la
muerte que nos deja a cada uno solo en el ataúd no es definitiva. Sólo
la impermanencia es real."
Cuando Buda consiguió desapegase de todas las pasiones y alcanzó la iluminación, se liberó al mismo tiempo de la impermanencia universal que rige todos los fenómenos tanto espirituales como físicos. Sin embargo no predicó ni la inacción ni la resignación. El Sutra del Diamante afirma que el corazón no puede vivir sin actuar.
La agudeza de ese sentimiento por el que fui invadido de repente, me impulsó a pedir la ordenación. Sin embargo esta decisión no había sido tomada a la ligera, ni estaba inspirada por el pesimismo.
No obstante, al adoptar una vida de reclusión, corría el riesgo de separarme de la vida real, de menospreciar la vida de que me separaba, pero que de todas maneras seguían llevando los demás. Esto no habría sido más que satisfacer un deseo egoísta de pureza.
La historia de Japón abunda en ejemplos de monjes que, llevando al mismo tiempo una vida religiosa, tuvieron ilustres actividades literarias, tales como Kamo-no-Chomei con su texto "Hojoki" o Yoshida Kenko con el "Tsurezykure gusa",
No obstante, una verdadera toma de conciencia de la evanescencia del mundo, sólo puede obtenerse si el espíritu se vuelve parecido al de Buda que antes que nada supo conocerse a sí mismo..."
Autobiografía de un monje Zen
Taisen Deshimaru
Ed. Luis Cárcamo-2007
Cuando Buda consiguió desapegase de todas las pasiones y alcanzó la iluminación, se liberó al mismo tiempo de la impermanencia universal que rige todos los fenómenos tanto espirituales como físicos. Sin embargo no predicó ni la inacción ni la resignación. El Sutra del Diamante afirma que el corazón no puede vivir sin actuar.
La agudeza de ese sentimiento por el que fui invadido de repente, me impulsó a pedir la ordenación. Sin embargo esta decisión no había sido tomada a la ligera, ni estaba inspirada por el pesimismo.
No obstante, al adoptar una vida de reclusión, corría el riesgo de separarme de la vida real, de menospreciar la vida de que me separaba, pero que de todas maneras seguían llevando los demás. Esto no habría sido más que satisfacer un deseo egoísta de pureza.
La historia de Japón abunda en ejemplos de monjes que, llevando al mismo tiempo una vida religiosa, tuvieron ilustres actividades literarias, tales como Kamo-no-Chomei con su texto "Hojoki" o Yoshida Kenko con el "Tsurezykure gusa",
No obstante, una verdadera toma de conciencia de la evanescencia del mundo, sólo puede obtenerse si el espíritu se vuelve parecido al de Buda que antes que nada supo conocerse a sí mismo..."
Autobiografía de un monje Zen
Taisen Deshimaru
Ed. Luis Cárcamo-2007
