En
mi tradición, el comer se considera una práctica profunda. Primero nos
sentamos a la mesa en una posición estable y contemplamos la comida.
Luego, en forma consciente, le sonreímos. Para nosotros la comida es una
embajadora que nos visita del cielo y de la Tierra. Cuando miro una
hoja de lechuga, puedo ver una nube flotando en su interior. Puedo ver
la lluvia y el sol que brilla. Me doy cuenta de que esta hoja de lechuga forma parte de la Tierra y del cielo.
Cuando como la hoja de lechuga soy consciente de que lo que tengo en la boca es una hoja de lechuga. No hay nada más en mi boca—no están mi tristeza ni mi miedo. Cuando mastico una hoja de lechuga sólo estoy masticando una hoja de lechuga—no mastico mis proyectos o mi enojo. Mastico con mucho cuidado, con el cien por cien de mí mismo. Siento una conexión con el cielo, la Tierra, los agricultores que cultivan los alimentos y las personas que los preparan. La comida no sólo alimenta mi cuerpo, sino que también alimenta mi alma, mi consciencia y mi espíritu.
Thay
Cuando como la hoja de lechuga soy consciente de que lo que tengo en la boca es una hoja de lechuga. No hay nada más en mi boca—no están mi tristeza ni mi miedo. Cuando mastico una hoja de lechuga sólo estoy masticando una hoja de lechuga—no mastico mis proyectos o mi enojo. Mastico con mucho cuidado, con el cien por cien de mí mismo. Siento una conexión con el cielo, la Tierra, los agricultores que cultivan los alimentos y las personas que los preparan. La comida no sólo alimenta mi cuerpo, sino que también alimenta mi alma, mi consciencia y mi espíritu.
Thay
