Ir al contenido principal

Matsyendra, “el señor de los peces”.


 
Una leyenda india cuenta la historia de un pez que oía a escondidas al dios Shiva cuando enseñaba a la diosa Parvati – su querida esposa – los secretos del yoga.

El pez fue descubierto espiando y el dios Shiva lo desterró. Cuando estaba buscando un nuevo lugar donde vivir, el pez llegó a las costas de India. Una vez en tierra, sucedió un milagro: el pez se transformó en hombre.

Los habitantes de aquel lugar lo acogieron y lo llamaron Matsyendra, “el señor de los peces”. Agradecido por su cálida acogida, Matsyendra les enseñó todas las posturas o asanas del yoga, entre las cuales estaba matsyendrasana o asana del Pez, que lleva su nombre.

Esta leyenda quizás pretenda explicar el origen de esta disciplina, no exactamente autóctona. El fin de estas enseñanzas del yoga consiste en tomar conciencia del propio cuerpo y de la capacidad de cada uno para mejorarse. Al igual que el pez, al oír las enseñanzas del dios Shiva, se convierte en hombre: el ser perfecto.

El yoga, por tanto, se ha desarrollado de tal manera que puede considerarse como uno de los seis sistemas filosóficos de la India. El hecho de que durante miles de años el secreto de esta disciplina haya permanecido en manos de unos pocos, explica como ha sido posible – dada la importancia y la utilidad práctica del yoga – que hay llegado a nuestro tiempo casi como en su origen.

Entradas populares de este blog

Ahora hablaré sobre mí

Mi primer contacto con el mundo del yoga tuvo lugar a través de mi madre,  a mediados de los años ochenta, cuando para muchos era una práctica que casi asemejaban a la pertenencia a una secta. Recuerdo verla vestida de blanco, practicando posturas en el salón de casa, y a veces, incluso me llevaba con ella al lugar donde recibía las clases. Puede que en aquel momento no fuera consciente de ello, pero ahora tengo la certeza de que aquellos primeros contactos sembraron en mí una semilla que, con el tiempo, ha brotado de una forma maravillosa. Pasaron los años (más de los que me atrevo a confesar), y heme aquí que me aventuré a acercarme a una escuela de yoga ubicada cerca de casa. Siempre había sentido atracción hacia ese mundo, y todo lo que representaba. Me considero una persona espiritual, sensible a cuanto me rodea, y lo uno llevó a lo otro. Me apunté a las clases, y solo hizo falta una para darme cuenta de que había encontrado mi camino. Pienso que todo en mi vida me ha...