¿Y si lo verdaderamente importante de la práctica fuera invisible a los ojos? ¿Y sí, por poner un ejemplo gastronómico, lo importante no fuera el pastel adornado de nata, chocolate y guindas que nos comemos sino el disfrute, el como nos sienta, la fluidez de la digestión y la consecuente nutrición, objetivo de la alimentación?
Acostumbrados a ver libros de posturas de Yoga técnicamente imposibles realizadas por personas jóvenes, guapas y flexibles olvidamos que el yoga, desde las posturas a la meditación, es sobretodo una vivencia, un soporte para la concentración, un despertar de nuestra sensiblidad y un encuentro con lo que realmente somos, con nuestra fuente interior: Algo que se puede vislumbrar pero que no se ve en las fotografías.
Cuando uno se dirige hacia esa vivencia interior se libera de la esclavitud de la imagen y se distancia de la técnica rígida que no tiene en cuenta a la persona. Es como si hiciéramos Yoga en grupo todos con los ojos vendados. Entonces no habría nada que mirar en el exterior y nada que desmostrar. Esto es clave en la práctica del yoga: no tenemos nada que exhibir porque cada uno está en su propio proceso personal, con toda la complejidad de elementos físicos o mentales y, por tanto, sin comparacióon posible con el de otra persona.
Julián Peragón.
