Cierta vez un Samurai errante llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol del Japón.
Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. Para ello dispuso su Katana junto a él e inmediatamente noto que suelo estaba duro y el Samurai pensó en lo agradable que sería disponer de una cama. Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.
El Samurai se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho, recordó cuanta sed tenía y lo bien que le vendría disfrutar un poco de Sake y casi de inmediato una botella del mejor Sake del Japón apareció en sus manos, luego de haber probado unos sorbos su pensamiento volvió a dispararse cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares.
El Samurai comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: “!Mira que si ahora un tigre me atacase!” Apareció un tigre y lo devoró. Sin que él pudiese siquiera llegar a rozar su katana con su mano.
Moraleja
Cambiante y descontrolada es la naturaleza de la mente. Aplícate a conocerla y dominarla y disiparás para siempre el peor de los tigres: el que mora dentro de ella misma.
