Voluntad y Curiosidad.
La
voluntad viene a decir: mis raíces son fuertes y no hay vendaval ni
circunstancia que me mueva de mi decisión. La curiosidad, mucho más
tímida expresa: ¿qué hay detrás del horizonte, y del horizonte del
horizonte? ¿Qué hay detrás de todo que puedo percibir y aún de lo que
puedo intuir?
Si el misterio no tiene un tope, la curiosidad es
una manera de vivir, una manera de relacionarse con las cosas, no como
algo fijo sino como una relación íntima donde el amante va desnudando a
su amado sin prisas.
Si ya en la práctica, con el empujoncito de
la voluntad, pudiéramos abrir el abanico de la curiosidad nos daríamos
cuenta de que todo tiende a florecer. Si partimos como semilla, ¿acaso
no quisiéramos saber en qué flor nos convertiríamos,
cuál sería nuestro aroma, nuestro colorido, nuestra delicada forma?.
Regamos la práctica con la lluvia de la curiosidad, la convertimos en
una película de suspense, boquiabiertos con lo que va apareciendo,
ilusionados con lo insospechado. La
curiosidad es la clara convicción de que no estamos completos sino en
un proceso de evolución, de que gracias a una profunda inteligencia todo
se despliega buscando una mayor organización o una mayor armonía
