Tirumalai Krishnamacharya.
No cruzo jamás ningún océano, pero el Yoga de Krishnamacharya se ha
esparcido por toda Europa, Asia y las Américas. Es difícil encontrar
hoy día una tradición yoguica cuyas asanas no haya influenciado. Aun
cuando aprendas de algún yogui apartado ahora de las tradiciones
asociadas con Krishnamacharya, es bastante probable que tu maestro haya
estudiado previamente el método Iyengar, Ashtanga, o Viniyoga antes de
desarrollar su propio estilo. Rodney Yee, que aparece en numerosos y
populares videos, estudio por ejemplo, con Iyengar. Richard Hittleman,
un conocido yogui de la T.V. de los años 70 estudio con Devi. Otros
profesores han incorporado enseñanzas de varios estilos basados en
Krishnamacharya, creando a su vez métodos particulares tales como el
White Lotus Yoga de Ganga White y el ISHTA Yoga de Manny Finger. La
mayoría de los profesores incluso de estilos no directamente
relacionados con Krishnamacharya – Sivananda y Bikram yoga, por ejemplo -
han sido influenciados por algunos aspectos de las enseñanzas de
Krishnamacharya.
Muchas de sus contribuciones han sido integradas de tal modo en el
tejido de la tela del Yoga que, la fuente ha sido olvidada. Se dice que
Krishnamacharya es responsable del moderno énfasis en Shirshasana (paro
de cabeza) y Sarvangasana (equilibrio sobre los hombros). Fue pinero
en el refinamiento de las posturas, en optimizar sus secuencias y en
atribuir valor terapéutico a asanas especificos. Al combinar pranayama y
asanas, hizo de las posturas una parte integral de la meditación, en
lugar de ser un paso en el camino que a ella conduce.
En efecto, la influencia de Krishnamacharya se puede apreciar, mas
nítidamente, en el énfasis en la practica de asanas, que ha llegado a
ser la rubrica del Yoga de hoy. Probablemente no ha existido otro yogui
que haya desarrollado tan deliberadamente las practicas físicas. En el
proceso, transformo el Ata – que era un oscuro riachuelo del Yoga – en
su cauce principal. El resurgimiento del Yoga en India le debe
muchísimo a sus innumerables tours y demostraciones, durante los años 30
y también a sus cuatro más famosos discípulos – Jois, Iyengar, Devi y a
su propio hijo T.K.V. Desikachar, que han jugado un enorme rol en la
popularización del Yoga en Occidente.
Recuperando las raíces del yoga.
Cuando la Revista americana, especializada en yoga Yoga Journal me
pidió que escribiera sobre el legado de Krishnamacharya pensé que seria
tarea fácil seguir la huella de alguien que, murió solo hace una década.
Descubrí, sin embargo, que Krishnamacharya sigue siendo un misterio,
incluso para su propia familia. Nunca escribió sus memorias o se
atribuyo alguna de sus numerosas innovaciones. Su vida esta envuelta en
mito. Aquellos que lo conocieron bien ya son demasiado ancianos. Y si
perdemos sus recuerdos, corremos el riesgo de perder mucho mas que la
historia de uno de los hombres mas notables del yoga, corremos el
riesgo de perder la visión de la historia de esta vibrante tradicion que
hemos heredado.
Es curioso ver como la evolución de la personalidad de este hombre
multifacético influencia el Yoga que practicamos hoy día.
Krishnamacharya comenzó su carrera como profesor perfeccionando su
estricta e idealista versión del hatha yoga. Y, a medida que la
corriente de la historia lo fue forzando a adaptar, se transformo en uno
de los mas grandes reformadores del Yoga. Algunos de sus estudiantes lo
recuerdan como un maestro riguroso y volátil, B.K.S. Iyengar me dijo
que Krishnamacharya podría haber sido un santo si no hubiese sido tan
egocéntrico y tenido tan mal genio. Otros lo recuerdan como un gentil
mentor que valoraba sus individualidades. Desikachar, por ejemplo,
describe a su padre como una persona amable que a menudo, colocaba sobre
su cabeza las sandalias de su difunto guru, en un acto de humildad.
Ambos hombres continúan siendo totalmente leales a su guru, aun cuando
lo conocieron en diferentes etapas de su vida, es como si recordaran a
dos personas diferentes. Es posible apreciar todavía en los tonos
disonantes de las tradiciones que él inspiro, características
aparentemente opuestas, algunas suaves, algunas estrictas, cada una
atrayendo personalidades diferentes y agregando profundidad y variedad a
nuestra practica de Yoga, todavía en desarrollo.

Emergiendo de las sombras
El mundo del yoga que Krishnamacharya heredo a su nacimiento, en 1888,
era bastante diferente al de hoy. El yoga había perdido mucha fuerza
debido a las presiones del régimen colonial británico. Solo un pequeño
grupo de hindúes lo practicaba. Pero, a mediados del siglo diecinueve y
comienzos del veinte, movimientos revitalizadores hindúes insuflaron
nueva vida en la tradición india. De joven. Krishnamacharya se sumergió
en el aprendizaje de diversas disciplinas clásicas hindúes, incluyendo
el idioma sánscrito, rituales, leyes, medicina india básica. Con el
tiempo, iba a canalizar este amplio bagaje de conocimientos hacia el
estudio del Yoga, en donde sintetizaría la sabiduría hindú de estas
tradiciones.
Según notas biográficas escritas por Krishnamacharya cerca del termino
de su vida, su padre lo habría iniciado en el Yoga a la edad de cinco
años, época en que comenzó a enseñarle los Yoga Sutras de Patanjali, y
le dijo que su familia descendía de un respetado yogui del siglo IX,
Nathamuni. Aun que su padre murió antes de que Krishnamacharya
alcanzara la pubertad, inculco en su hijo una gran sed por el
conocimiento y el deseo especifico de estudiar Yoga. En otro manuscrito
Krishnamacharya escribió, que cuando todavía era un mocoso, aprendió 24
asanas de un Swami de Sringeri Math, el mismo templo que vio nacer el
linaje de Shivananda Yogananda. Luego, a la edad de 16 años, hizo un
peregrinaje al santuario de Narhamuni, en Alvar Tirunagari, donde se
encontró, en una extraordinaria visión, con su legendario antepasado.
Tal como siempre contó esta historia, se encontró con un anciano en la
puerta del templo, quien le indico con el dedo un bosquecillo de mangos
que había por ahí cerca. Krishnamacharya camino hacia el bosquecillo
donde se desplomo de cansancio. Cuando volvió en si y se levanto, noto
que se habían reunido a su alrededor varios yoguis. Su antepasado
Nathamuni le canto versos de Yogarahasya (en sánscrito, La esencia del
Yoga), un texto perdido hacia mas de mil años. Krishnamacharya lo
memorizo y posteriormente lo transcribió.
Las semillas de muchas innovaciones en las enseñanzas de Krishnamacharya
se pueden encontrar en este texto, disponible ahora en una versión en
ingles (Yogarahasya, traducido por T.K.V. Desikachar, Krishnamacharya
Yoga Mandiram, 1998). Aun cuando la historia del autor pudiese aparecer
rebuscada, apunta a un importante razgo de la personalidad de
Krishnamacharya: Nunca se atribuyo originalidad. En su versión, el
Yoga es divino. Todas sus ideas, originales o no, se las atribuyo a los
antiguos textos, o bien a su guru.
Después de su experiencia en el santuario de Nathamuni, Krishamacharya
continuo la exploración de una panoplia de disciplinas clásicas indias,
obteniendo diplomas en filosofía, lógica, divinidad y música. Practico
Yoga a partir de los conocimientos rudimentarios, obtenidos en los
textos y en alguna entrevista ocasional con algún yogui, pero siempre
anhelaba estudiar mas profundamente, como le había recomendado su padre.
Un profesor universitario lo vio practicando sus asanas y le recomendó
que buscara un maestro llamado Shri Ramamohan Brahmachari, uno de los
pocos hatha yoguis que todavía quedaban. Sabemos poco sobre
Brahmachari, excepto que vivía en una remota cueva con su esposa y tres
hijos. Krishnamacharya cuenta que paso siete años con su profesor
memorizando los yoga Sutras de Patanjali, aprendiendo asanas y
pranayama, y estudiando los aspectos terapéuticos del Yoga. Durante su
aprendizaje. Krishnamacharya dice haber dominado 3000 asanas
desarrollado algunos de sus mas notables talentos, como detener el
pulso. A cambio de la instrucción, Brahnmachari le pidió a su leal
pupilo que retornara a su ciudad a enseñar Yoga y a establecer una
familia.
La educación de Krishnamacharya le habría permitido conseguir una buena
posición en cualquier prestigiosa institución, pero el renunció a esas
oportunidades y prefirió honrar la promesa que le había hecho a su
mentor. Y, a pesar de todo su entrenamiento, Krishnamacharya regreso a
la pobreza. En los años de 1920 enseñar Yoga no era remunerativo. Los
estudiantes eran pocos, y Krishnamacharya tuvo que aceptar un trabajo
como capataz en una plantación de café. Pero, en sus días libres,
viajaba por la provincia haciendo discursos y demostraciones de Yoga.
Krishnamacharya hizo uso de los siddhis, las capacidades sobrenaturales
del cuerpo yoguico, para popularizar el Yoga. Estas demostraciones –
destinadas a despertar el interés de una tradición moribunda- incluían
el suspender el pulso, detener vehículos con sus manos, el hacer
posturas inverosímiles y levantar objetos pesados con sus dientes.
Pensó que para enseñar Yoga, primero tenia que atraer la atención del
publico.
Por medio de un matrimonio arreglado, Krishnamacharya honro la segunda
petición de su guru. Los antiguos yoguis eran ascetas que vivían en el
bosque sin hogar ni familia. Pero el guru de Krishnamacharya quería que él aprendiera la vida de familia y que enseñara Yoga que sirviera al
ciudadano común. Al comienzo esto resulto ser más difícil de lo
imaginado. La pareja vivía en tal pobreza que Krishnamacharya solo
tenia un taparrabos, un retazo de genero del sari de su esposa. Mas
tarde recordaría este periodo como el mas duro de su vida, pero las
dificultades solo lograron endurecer aun más su inquebrantable
resolución de enseñar Yoga.
El desarrollo del Vinyasa Yoga.
La fortuna de Krishnamacharya mejoro cuando en 1931 recibió una
invitación para enseñar en el Sanskrit College de Mysore. Allí recibió
un buen salario y la posibilidad de dedicarse por completo a la
enseñanza del Yoga. La familia gobernante de Mysore, por mucho tiempo,
había promovido todas las formas de arte autóctono, apoyando e
inyectando nuevo vigor a la cultura india. Por mas de un siglo ya había
patrocinado el Hatha Yoga y la biblioteca contenía las mas antiguas
compilaciones ilustradas de asanas que ahora son conocidas:
Sritattvanidhi (traducidas al ingles por el erudito en sánscrito Mormas
E. Sjoman en The Yoga Tradition of the Mysore Palace, Adhinav
Publications, New Delhi, 1999).
Durante las dos décadas siguientes el Maharajá de Mysore ayudo a
Krishnamacharya a promover el Yoga a través de la india, financiando
demostraciones y publicaciones. Siendo diabético el Maharajá sintió
fuertemente la relación entre yoga y la recuperación de la salud, y
Krishnamacharya dedicó mucho tiempo a desarrollar esta conexión. El
puesto de Krishnamacharya en el Sanskrit College no duro mucho. Era
demasiado estricto y sus alumnos se quejaron. Como al Maharajá le
gustaba Krishnamacharya y no quería perder su amistad y consejo, le
propuso una solución: le ofreció la sala de gimnasia del palacio para
que iniciara su propia escuela de Yoga, Yogashala.
Así empezó uno de los periodos mas fértiles de Krishnamacharya. Durante
este tiempo desarrollo lo que hoy se conoce como Ashtanga Vinyasa Yoga.
Como los pupilos de Krishnamacharya eran en su gran mayoría jóvenes
activos, adapto técnicas de Yoga, gimnasia y lucha india, para
desarrollar las secuencias dinámicas de asanas cuyo propósito era
conseguir un insuperable estado físico. Este estilo de Vinyasa utiliza
los movimientos de Surya Namaskar (saludo al sol) para entrar y salir de
cada asana. Cada movimiento se coordina con una forma especial de
respirar y drishti, o enfoque de los ojos en ciertos puntos, lo que
ayuda a la concentración meditativa. Con el tempo Krishnamacharya
estandarizo las secuencias de posturas en tres series: primarias,
intermedias y avanzadas. Los estudiantes eran agrupados de acuerdo a su
experiencia y habilidad, teniendo que memorizar cada secuencia antes de
avanzar a la siguiente.
Aun cuando Krishnamacharya desarrollo esta forma de practicar Yoga
durante la década de 1930, permaneció prácticamente desconocida en
occidente por casi 40 años. Recientemente se ha transformado en una de
las formas de Yoga mas populares, gracias al trabajo de uno de sus mas
leales y famosos discípulos: K. Pattabhi Jois.
Pattabhi Jois conoció a Krishnamacharya en sus tiempos difíciles, antes
de los años en el palacio de Mysore. Era un robusto niño de 12 años
cuando asistió a una de las charlas de Krishnamacharya. Intrigado por
la demostración de asanas le pidio a Krishnamacharya que le enseñara
Yoga. Las lecciones empezaron al día siguiente, horas antes de que
sonara la campana de la escuela y continuaron cada mañana por tres años
hasta que Jois tuvo que abandonar su hogar para entrar en el Sanskrit
College. Cuando Krishnamacharya acepto el puesto de profesor en ese
College, dos años mas tarde, Pattabhi Jois, desbordado de alegría
reanudo sus lecciones de Yoga.
Jois conservó una inmensa cantidad de recuerdos de los años que estudio
con Krishnamacharya. Durante décadas ha mantenido el trabajo que le
dejo Krishamacharya con gran devoción, refinando las secuencias de
asanas sin inflingirles modificaciones sustanciales, tal como un
violinista clásico pudiera matizar la melodía de un concierto de Mozart,
sin cambiar una nota. Jois, a menudo ha dicho que el concepto de
vinyasa se origino en un antiguo texto llamado Yoga Kuruntha.
Desgraciadamente, el texto desapareció, nunca nadie lo ha visto.
Existen tantas historias sobre su descubrimiento y contenido – he
escuchado por lo menos cinco de ellas que se contradicen – que uno se
cuestiona su autenticidad. Cuando le pregunte a Jois si él había alguna
vez leído el texto, respondió: “ No, solo Krishnamacharya”. Enseguida
le resto importancia a la escritura, indicando varios otros textos que,
también dieron forma al Yoga que aprendió de Krishnamacharya,
incluyendo el Hatha Yoga Pradipika, los Yoga Sutras, el Baghavad Gita.
Cualquiera que fuesen las raíces del Ashtanga Vinyasa Yoga, hoy es uno de los mas influyentes componentes del legado de Krishnamacharya. Quizás, este método, originalmente diseñado para los jóvenes, nos muestra un camino más amigable hacia una espiritualidad más profunda en una cultura que valora la energía y lo externo más que lo interno. En las ultimas tres décadas un número creciente de yoguis se ha sentido atraído a su precisión e intensidad. Muchos de ellos han hecho el peregrinaje a Mysore, donde Jois enseñaba.
Rompiendo una tradición.
Aunque, Krisnamacharya le enseñó a niños y jóvenes del palacio de
Mysore, sus demostraciones públicas atrajeron a diversas congregaciones.
Disfrutaba del desafío de presentar el Yoga a públicos con diferente
formación y educación. En sus frecuentes tours, que él llamaba viajes
propagandísticos, introdujo el yoga entre los soldados británicos, los
Maharajas musulmanes y los indios de todas las religiones y credos.
Krishnamacharya siempre enfatizaba que el Yoga era para todos, y
adecuaba sus enseñanzas para así respetar las creencias de sus
estudiantes. Pero mientras pasaba por alto las diferencias culturales,
religiosas y de clases, siempre mantuvo una actitud patriarcal hacia las
mujeres. El destino sin embargo, le hizo una jugada: El primer
estudiante que llevó su Yoga al escenario mundial pidió ser admitida
vistiendo un sari... ¡ Y además era occidental!
La mujer, que llego a ser conocida como Indra Devi (nacida en Zhenia
Labunskaia, en la Latvia pre-soviética) era amiga de la familia real de
Mysore. Después de ver una de las demostraciones de Krishnamacharya,
pidió ser admitida como estudiante. Al comienzo ni extranjeros ni
mujeres. Pero Devi insistió, persuadiendo al Maharajá que intercediera
en su favor con este bramin. De mala gana Krishnamacharya inicio las
clases, sometiéndola a una estricta dieta y a un difícil régimen de
enseñanza destinado a quebrar su voluntad. Ella paso cada desafió
impuesto por Krishnamacharya, llegando a ser amiga de él y una ejemplar
estudiante.

Después de un año de aprendizaje, Krishnamacharya le pidió que enseñara Yoga. Le pidió que trajera a las clases un cuaderno y paso con ella varios días dictándole sus conocimientos sobre como enseñar el Yoga, sobre dieta y pranayama. Inspirada en estas enseñanzas, escribió mas tarde el libro best seller sobre Hatha yoga, Forever Young, Forever Healthy (Prentice Hall, Inc., 1953). Años después de haber estudiado con Krishnamacharya, Devi fundó la primera escuela de Yoga en Shangai, China, donde Madame Chiang Kai-shek fue una de sus alumnas. Posteriormente logró convencer a los líderes soviéticos de que el yoga no era una religión y así pudo abrir las puertas de la Unión Soviética al Yoga, donde hasta entonces era ilegal. En 1947 se traslado a Estados Unidos. Viviendo en Hollywood llegó a ser conocida como "La primera Dama del yoga", atrayendo a estudiantes como Marilyn Monroe, Elizabeth Arden, Greta Garbo y Gloria Swanson. Gracias a Devi, Krishnamacharya pudo disfrutar de su primera exposición internacional.
Aunque estudio con Krishnamacharya durante el periodo de Mysore, el
Yoga que enseñó Indra Devi tiene poco en común con el ashtanga vinyasa
de Jois. Como queriendo anunciar ya el altamente personalizado estilo
de yoga que iba a desarrollar mas tarde, Krishnamacharya le enseñó a
Devi de una manera suave, adaptando las posturas, cada vez que era
necesario, a sus limitaciones físicas
Devi siempre ha mantenido en sus enseñanzas este estilo suave. Aunque
su estilo no utiliza Vinyasa, usa el principio de las secuencias de
Krishnamacharya de manera que sus clases recorren un camino – empezando
con posturas de pie, progresando hacia un asana central seguido de
posturas complementarias y terminando con relajación. De la misma
forma que ocurrió con Jois, Krishnamacharya le enseñó a combinar
pranayama y asanas. Los estudiantes de su linaje todavía practican,
cada postura con una forma determinada de respirar.
Devi agregó, además, un aspecto devocional a su trabajo que llamó Sai
yoga. La postura principal de cada clase incluye una invocación de
manera que el fulcro de cada practica contiene una meditación en la
forma de una oración ecuménica. Aunque ella misma desarrolló este
concepto, pudo ya haber estado presente en forma germinal, en las
enseñanzas que recibió de Krishnamachara. En sus últimos años,
Krishnamacharya también recomendó cantos devocionales dentro de la
practica de asanas.
Bien entrada en
sus noventa años, continuo viajando por el mundo, llevando la influencia
de Krishnamacharya a mucha gente en Norte y Sudamérica. Su impacto en
los Estados Unidos se diluyó cuando ella se traslado a vivir a Buenos
Aires en 1985, pero su prestigio en Latinoamérica se extiende mucho mas
allá de la comunidad argentina de Yoga.
Tendrás dificultades en encontrar a alguien en Buenos Aires que no haya escuchado hablar de ella. Se contactó con todos los estratos de la sociedad latina: El taxista que me llevó a la entrevista con ella, la describió como una mujer muy sabia, al día siguiente de mi entrevista, el ex presidente de Argentina, Carlos Menem la visitó para pedirle su bendición y consejos. Las seis escuelas de Yoga de Devi, imparten 15 clases de asanas al día y los graduados de su curso de formación de profesores, que dura cuatro años, reciben un certificado internacionalmente reconocido que equivale a un grado pre-universitario.
Durante el periodo en que Krishnamacharya les enseñaba a Devi y a Jois, brevemente también le enseñó a un niño llamado B.K.S. Iyengar, quien creció para jugar, probablemente, el rol más significativo, en introducir el Hatha yoga en Occidente. Es difícil imaginar como habría sido el Yoga que practicamos hoy día si la contribución de Iyengar, en especial su detallada, precisa y sistemática ejecución de cada asana, su investigación sobre las aplicaciones terapéuticas y su diferenciación por niveles, el riguroso sistema de entrenamiento que ha producido tantos profesores influyentes.
También es difícil saber cuanto influenció su desarrollo posterior el entrenamiento que recibió de Krishnamacharya. Aunque intenso, el tiempo que paso junto a su maestro, fue corto: solo un año. Además de inculcar en Iyengar devoción por el Yoga, quizá, planto también las semillas que más tarde germinarían en el yoga de Iyengar. (Algunas de las características por las cuales es conocido hoy día particularmente las modificaciones a las posturas y sus usos terapéuticos son muy similares a las que Krishnamacharya desarrolló en su trabajo de los últimos años). Posiblemente cualquier investigación profunda en el Hatha yoga produce resultados similares. De cualquier modo, Iyengar siempre ha idolatrado al guru de su niñez. Todavía dice: “ Soy solo un pequeño modelo en Yoga, mi guru fue un gran hombre”.
Al comienzo, el porvenir de Iyengar no era claro. Cuando
Krishnamacharya lo invitó a vivir en su hogar - la esposa de
Krishnamacharya hermana de Iyengar –predijo que el poco flexible
adolescente no tenia futuro en el yoga. De hecho, lo que cuenta Iyengar
de su vida con Krishnamacharya suena como una novela de Dickens.
Krishnamacharya podía ser un profesor estrictísimo. Al comienzo casi no
se tomo la molestia de enseñarle a Iyengar, quien se pasaba la mayor
parte del tiempo regando el jardín y haciendo todo tipo de tareas
menores. El único amigo que tenia era su compañero de habitación, un
niño llamado Keshavamurty, que era el favorito de Krishnamacharya. Una
extraña jugada del destino hizo que un día desapareciera Keshavamurthy
para nunca más volver. Solo faltaban días para una importante
demostración en el Yogashala y Krishamacharya, naturalmente, confiaba en
su pupilo estrella para que demostrara los asanas. Enfrentando a esta
crisis, Krishnamacharya rápidamente comenzó a entrenar a Iyengar en una
serie de complicadas posturas.
Iyengar practicó, en forma diligente, y el día de la demostración
sorprendió a Krishnamacharya con una excepcional actuación. Después de
esto, Krishnamacharya comenzó la instrucción de su pupilo con renovado
vigor. Iyengar progreso rápidamente y empezó también a asistir a
Krishnamacharya en sus clases en el yogashala y a acompañarlo en tours.
Krishnamacharya continuo sin embargo su autoritario estilo de
instrucción. En una oportunidad cuando Krishnamacharya le ordenó que
hiciera hanumamanasana, (apertura completa de piernas, split), Iyengar
se quejó de que nunca había hecho esa postura antes. ¡Hazlo! Le grito
Krishnamacharya. Iyengar lo hizo desgarrándose los músculos de la
corva.
Su corto aprendizaje terminó abruptamente. Después de una demostración
de Yoga en el norte de la provincia de Karnataka, un grupo de mujeres le
pidió a Krishnamacharya que les enseñara. Krishnamacharya eligió a
Iyengar, su estudiante más joven, para que impartiera esa clase. En esa
época las clases eran segregadas, es decir, las mujeres estudiaban
separadamente de los hombres. Iyengar impresiono a las mujeres con su
forma de enseñar. Y, a petición de ellas, Krishnamacharya designó a
Iyengar como su instructor.
Enseñar fue una promoción para Iyengar, pero no contribuyó mayormente a
mejorar su situación. Enseñar yoga era todavía una profesión marginal.
A veces, recuerda Iyengar, comía solo un plato de arroz cada tres
días, sustentándose solamente con agua. Pero se entregó en cuerpo y
alma al yoga. De hecho, Iyengar dice que era tal su obsesión por el
yoga que, algunos vecinos y miembros de la familia creyeron que había
enloquecido. Practicaba durante horas, usaba pesadas piedras para
forzar sus piernas en Baddha Konasana (sentado con las plantas de los
pies juntas) o bien doblándose hacia atrás sobre un rodillo compactador
de cemento para mejorar su Urdhva Dhanurasana (la araña). Preocupado
por su bienestar, el hermano de Iyengar arregló su matrimonio con una
joven de 16 años llamada Ramamani. Afortunadamente, Ramamani respetaba
su trabajo y llego a ser una compañera muy importante en su
investigación de asanas.
Varios cientos de millas alejado de su guru, la única forma que tenia
Iyengar de aprender más sobre asanas, era explorar con su propio cuerpo y
analizar los efectos. Con la ayuda de Ramamani, Iyengar refino y
mejoró las asanas que aprendió de Krishnamacharya.
Al igual que krishnamacharya, a medida que Iyengar ganaba estudiantes,
iba adaptando y modificando las posturas para satisfacer sus
necesidades. Y también, al igual que Krishnamacharya, Iyengar nunca
dudo cuando tuvo que innovar. En gran medida, abandonó el estilo
Vinyasa de su mentor. En cambio, al desarrollar cada postura,
constantemente investigó la naturaleza del alineamiento interno,
considerando los efectos de cada parte del cuerpo, incluso la piel.
Debido a que muchos de los estudiantes que vinieron a el estaban en
peores condiciones físicas que los jóvenes estudiantes de
Krishnamacharya, Iyengar tuvo que aprender a desarrollar elementos
especiales (props: elementos de ayuda como bloques de madera,
cinturones de algodón, la pared) para ayudarles. Y , como alguno de
sus estudiantes estaban enfermos, Iyengar empezó a desarrollar asanas
como herramienta de curación, creando programas terapéuticos
específicos. Adicionalmente, Iyengar empezó a ver el cuerpo como si
fuera un templo y las asanas, como las oraciones. El énfasis de Iyengar
en los asanas no siempre gusto a su maestro.
Aunque en las celebraciones de los 60 años de Iyengar, Krishnamacharya
elogio las aptitudes de Iyengar en la practica de asanas, le sugirió que
ya era tiempo que se enfocara más hacia la meditación.
A través de las decadas de los años 30, 40 y 50, la reputación de
Iyengar como maestro y como terapeuta continuo creciendo. Obtuvo
estudiantes famosos y respetados, tales como el filosofo Jiddhu
Krishnamurti y el violinista Yehudi Menuhin, quienes lo ayudaron a
atraer estudiantes occidentales. En los años 60 el Yoga estaba formando
parte de la cultura mundial, e Iyengar estaba siendo reconocido como
uno de sus principales embajadores.
Sobreviviendo los años difíciles.
Aun cuando sus estudiantes prosperaban y difundían su evangelio yóguico,
Krishnamacharya volvió a encontrarse con tiempos difíciles. Ya en 1947
el número de alumnos había bajado, considerablemente, en el Yogashala.
Según Jois, solo quedaban tres alumnos. El patrocinio gubernamental
también se había terminado, India había obtenido su independencia los
políticos que reemplazaron a la familia real de Mysore tenían poco interés en el Yoga. Krishnamacharya luchó por mantener viva la escuela,
pero en 1950 tuvo que cerrar. Un krishnamacharya de 60 años se vio en
la situación de tener que empezar todo de nuevo.
A diferencia de algunos de sus protegidos, Krishnamacharya no tuvo la
fortuna de disfrutar de los beneficios de la creciente popularidad del
Yoga. Continuo estudiando, enseñando y desarrollando su Yoga en casi
total oscuridad. Iyengar estima que este periodo solitario, cambio la
disposición de Krishnamacharya. Según Iyengar, Krishnamacharya podía
permanecer distante bajo la protección del Maharajá de Mysore. Pero
entregado a si mismo, obligado a conseguir sus propios estudiantes, tuvo
mas motivación para adaptarse a la sociedad y desarrollar mayor
compasión.
Asi fue como, en 1950, cuando Krishnamacharya luchaba por conseguir
trabajo, debió aceptar un puesto de profesor en Mysore, en el
Vivekananda College de Chennai. Nuevos estudiantes aparecieron,
incluyendo gente de diferentes profesiones, estratos sociales y en
variadas condiciones de salud. Krishnamacharya tuvo que ingeniárselas
para inventar nuevos métodos de enseñanza. Y, a medida que iban
apareciendo estudiantes con menos aptitudes físicas algunos incluso con
incapacidades, Krishnamacharya debió adaptar las posturas para
satisfacer las necesidades de cada uno.
Por ejemplo, instruía a un alumno que hiciera Paschimottanasana,
(sentado con el cuerpo doblado hacia delante) con las rodillas estiradas
para estirar los ligamentos de la corva, mientras que hacia hacer la
misma postura a otro estudiante, pero con las rodillas dobladas. Del
mismo modo, modificaba la respiración de acuerdo a las necesidades de
sus alumnos, a veces reforzando el abdomen poniendo mayor énfasis en la
exhalación otras, en la espalda, poniendo énfasis en la inhalación.
Krishnamacharya variaba la duración, frecuencia y las secuencias en los
asanas para ayudar a los estudiantes a alcanzar metas especificas de
corto plazo, como recuperarse rápidamente de una enfermedad. Y a
medida que los alumnos progresaban, los ayudaba a refinar las posturas
hasta conseguir la forma ideal. En su estilo particular, Krishnmacharya
ayudaba a sus estudiantes a evolucionar en un Yoga que se adaptaba a
sus limitaciones individuales, a un Yoga que maximizaba sus habilidades.
Este enfoque, que hoy día se conoce con el nombre de Viniyoga, se
convirtió en la marca registrada de la enseñanza de Krishamacharya en
sus décadas finales.
Krishnamacharya parecía siempre dispuesto a ampliar estas técnicas a
casi cualquier estado de salud que presentara un desafío, En una
oportunidad, un doctor le pidió que le ayudara con un paciente que había
tenido un infarto cerebral. Krishnamacharya manipuló los miembros sin
vida del paciente poniéndolos en diferentes posturas, una especie de
yogaterapia. Y como con muchos estudiantes de Krishnamacharya, la
salud de esta persona mejoro, y también la fama de Krishnamacharya como
terapeuta.
Fue la reputación de terapeuta la que atraería al último, y uno de sus
mayores discípulos. Pero en ese tiempo, nadie - y menos Krishnamacharya –
sospecharía que su hijo, T.K.V. Desikachar, llegaría a ser un famoso
yogui, el que traspasaría del mundo del Yoga occidental, la línea
completa de las enseñanzas de su padre, en especial la de los últimos
años.
Manteniendo la llama viva.
Aunque nacido en una familia de yoguis, Desikachar nunca sintió el deseo
de continuar con la tradición. De niño, se alejaba de su padre cuando
este le pedía que hiciera asanas. Krishnamachatya lo agarró una vez, le
ató las manos y pies en Baddha Padmasana ( postura del loto con los
brazos cruzados detrás de la espalda y las manos en los pies) y allí lo
dejó por media hora. Este tipo de pedagogía no motivo a Desikachar a
estudiar yoga, pero seguramente la inspiración llego por otros medios.
Después de obtener un título de ingeniero en la universidad, Desikachar
vino a visitar a su familia por un corto tiempo. Iba camino a Delhi,
donde le habían ofrecido un buen trabajo en una firma europea. Una
mañana cuando estaba sentado en los peldaños de la entrada de la casa
leyendo el periódico, vio acercarse por la estrecha calle un enorme
vehículo americano que se detuvo justo en frente de la casa de
Krishnamacharya. En ese preciso momento su padre salió de la casa,
vistiendo solo un dhoti (tela de algodón enrollada alrededor de las
caderas) y las marcas sagradas que indican una vida entera de devoción
al dios Vishnu. Del asiento trasero del auto, descendió una mujer de
apariencia europea, de mediana edad, gritando: “ ¡Profesor, profesor!
”. Se lanzó sobre los brazos de Krishnamacharya con un abrazo efusivo.
La sangre debe habérsele ido de la cara a Desikachar al presenciar esto,
y sobretodo, cuando vio que Krishnamacharya también la abrazaba. En
esos días, las mujeres occidentales y los Bramines no se abrazaban
especialmente, no en medio de la calle, y menos tratándose de un Bramin
tan observante como Krishnamacharya. Cuando se hubo ido la mujer lo
único que atino a decir Desikachar fue : ¿Por qué?.
Krishamacharya le explicó que la señora había estado estudiando yoga con él, y que gracias a su ayuda, la mujer por primera vez en 20 años había
podido conciliar el sueño. Quizá, la reacción de Desikachar al
escuchar esta revelación fue una suerte de providencia o karma, sin duda
esta prueba del poder del yoga le sirvió como una curiosa epifanía que,
cambiaria su vida para siempre. En un instante resolvió aprender lo
que sabia de su padre.
Krishnamacharya no recibió, de buen grado, este repentino interés de su
hijo por el yoga. Le dijo que continuara con su carrera de ingeniero y
que dejara el yoga tranquilo. Desikachar se negó a escuchar. Rechazó el trabajo en Delhi, encontró trabajo en una firma local e insistió a su
padre que le diera clases. Eventualmente Krishnamacharya aceptó.
Pero, para asegurarse de que el interés de su hijo era genuino – o para
descorazonarlo- Krishnamacharya también fijo la hora de inicio de las
clases a las 3:30 de la mañana cada mañana. Desikachar aceptó, pero
también puso su propia condición: Nada que tenga que ver con Dios. Un
ingeniero pragmático como él vio la necesidad de la religión.
Krishnamacharya respetó la decisión de su hijo e iniciaron las clases
con asanas y recitando los Yoga Sutras de Patanjali. Y, como la familia
entera vivía en una sola habitación, no les quedo más remedio, medio
dormidos, que sumarse a las clases. Las lecciones continuarían por 28
años aunque ya no tan temprano.
Durante los años que enseñó a su hijo, Krihsnamacharya continuo
refinando su enfoque sobre el Viniyoga, haciendo programas especiales
para los enfermos, para las mujeres embarazadas, niños, y por supuesto,
para aquellos en la búsqueda dela autorrealización espiritual. Llegó,
incluso, a dividir la practica de yoga en tres etapas, representando la
juventud, la edad madura y la vejez: Primero, desarrollar fuerza
muscular y flexibilidad, segundo, mantener la salud durante los años de
trabajo y de sustento de la familia, y finalmente, ir mas allá de la
practica física para enfocarse en Dios.
Desikacachar observó que a medida que iban progresando los estudiantes,
Krishamacharya no solo comenzaba a poner énfasis en la práctica de asanas
más avanzadas, sino que también, en los aspectos espirituales del yoga.
Desikachar se dio cuenta de que su padre sentía que cada acción era en
si misma, un acto de devoción, que cada asana debía conducir hacia la
calma interior. Del mismo modo, el énfasis que ponía Krishnamacharya en
la respiración tenía por objeto transmitir implicaciones espirituales,
conjuntamente, con beneficios fisiológicos. De acuerdo a Desikachar,
Krishnamacharya describía el ciclo respiratorio como un acto de entrega:
"Inhala y Dios se acerca. Mantén la respiración, y Dios permanece contigo. Exhala, y tu te acercas a Dios. Mantén la exhalación, y entrégate a Dios".
Durante los últimos años de su vida, Krisnamacharya introdujo los cantos
védicos en la practica de yoga, siempre ajustando el número de versos
para que coincidieran con el tiempo que los alumnos debían permanecer en
las posturas. Esta técnica puede ayudar a los estudiantes a mantener
enfocada la mente y los prepara para la meditación.
Cuando Krishnamacharya se inclinaba hacia los aspectos espirituales del
yoga, respetaba las creencias individuales. Una de sus más antiguas
estudiantes, Patricia Miller, que enseña hoy día en Washington D.C.,
recuerda que él dirigía las meditaciones ofreciendo alternativas.
Instruía a sus alumnos para que cerraran sus ojos y observaran el espacio entre
las cejas, y luego, decia: Piensa en Dios. Si no en Dios, en el sol.
Si no en el sol, en tus padres. Explica Miller que Krishnamacharya
exigía solo una condición: Que admitamos que existe un poder mas grande
que nosotros mismos.
Desikachar propagaba el legado de su padre, dirigiendo el instituto Krishnamacharya Yoga Mandiram, en Chennai, India, donde se enseñan todos los diferentes enfoques que tenía Krishnamacharya sobre el yoga y sus escritos son traducidos y publicados. Con el tiempo, Desikacahar abrazó toda la gama de las enseñanzas de su padre, incluyendo su veneración por Dios. Desikachar, sin embargo, comprende el escepticismo occidental y enfatiza la necesidad de despojar el yoga de sus ataduras hinduistas, de manera que siga siendo un vehículo para toda la gente. La visión del mundo de Krishnamacharya estaba enraizada en la filosofía védica, la visión del mundo occidental lo esta en la ciencia. Versado en ambas, Desikachar ve su rol como el de un traductor, llevando la antigua sabiduría de su padre a oídos modernos.
El principal propósito de Desikachar y el de su hijo Kausthub, es el
compartir esta antigua sabiduría con la próxima generación. Le debemos a
nuestros hijos un futuro mejor, dice. Su organización mantiene clases
para niños y también para los niños incapacitados. Y, además de
publicar historias y guías espirituales con un sabor contemporáneo,
Kusthub también esta produciendo videos para demostrar las técnicas,
para enseñarle a los jóvenes, usando los métodos inspirados en el
trabajo de su abuelo en Mysore.
Aunque Desikachar paso casi tres décadas como alumno de Krishnamacharya,
dice solo haber captado los fundamentos de las enseñazas de su padre.
Tanto los intereses como la personalidad de Krishnamacharya se asemejan a un
calidoscopio, Yoga era solo una fracción de lo que él sabia.
Krishnamacharya también estudio disciplinas como la filología, la
astrología y también la música. En su propio laboratorio ayurvedico
preparaba fórmulas en base a yerbas. En India sigue siendo más conocido
como terapeuta que como yogui. También era conocido gourmet,
horticulturista y un gran jugador de cartas.
Pero el conocimiento enciclopédico que, a veces, lo hacía aparecer
distante, incluso arrogante en su juventud – intelectualmente
intoxicado, como suavemente lo caracteriza Iyengar- con el tiempo creo
la necesidad de comunicarse mejor con la gente. Krishnamacharya se dió cuenta de que una parte importante del conocimiento tradicional indio
que él atesoraba estaba desaparecido, y decidió abrir su gran reserva de
conocimientos a cualquiera con sano interés y suficiente disciplina.
Sintió que el yoga tenía que adaptarse al mundo moderno o desaparecer.
Hay un dicho indio que dice que cada tres siglos nace alguien para reenergizar una tradición. Es posible que Krishnamacharya fuera uno de esos avatares. Teniendo un gran respeto por el pasado, no dudó en experimentar e innovar. Desarrollando y refinando diferentes ángulos, hizo que el yoga fuese accesible a millones de personas. Esa difusión y facilitación del yoga a todo el mundo es su más grande legado. Tan diversas como pueden ser las prácticas nacidas del linaje de Krishnamacharya, la pasión y la fe en el yoga siguen siendo la herencia común. El mensaje tácito que proveen sus enseñanzas es que, el yoga no es una tradición estática, es un arte vivo, que respira y crece constantemente, a través de los experimentos y experiencias de cada practicante.
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